El sector ganadero en Paraguay se encuentra en un proceso de transformación, tras varias décadas de crecimiento sostenido impulsado por la demanda externa, la apertura de nuevos mercados y la consolidación de la industria frigorífica orientada a la exportación. Este desarrollo permitió ampliar considerablemente el hato bovino y extender la actividad hacia nuevas zonas productivas, en particular en el Chaco. No obstante, en los últimos años se perciben indicios de una desaceleración en la expansión del stock, lo que marca un cambio en la dinámica histórica del rubro.
Este comportamiento no responde únicamente a factores circunstanciales, sino a elementos estructurales relacionados con el uso de la tierra, los niveles de productividad, las condiciones climáticas y las mayores exigencias del comercio internacional. En ese sentido, el futuro del sector dependerá en gran medida de su capacidad para ajustarse a este nuevo escenario, priorizando mejoras en eficiencia, rendimiento y manejo productivo.
El comportamiento del PIB ganadero primario evidencia esta tendencia. A diferencia del desempeño general de la economía, este sector muestra fluctuaciones más marcadas, alternando períodos de fuerte crecimiento con etapas de retracción. Entre 2006 y 2025 se registraron incrementos importantes, como 11,7% en 2006, 10,8% en 2010 y 12,6% en 2014, así como caídas en años como 2007 (–4,8%), 2015 (–2,0%) y 2018 (–3,2%). Estas variaciones responden, en gran medida, a las particularidades biológicas y productivas de la actividad.
Cabe destacar que la producción ganadera está condicionada por decisiones que se toman con anticipación, tales como la retención o venta de vientres, los niveles de reproducción y destete, así como la evolución del rodeo. En momentos de expansión del stock, puede darse una menor disponibilidad de animales para faena, mientras que en fases de mayor extracción se generan incrementos temporales en la producción.
A esto se suman los factores climáticos, que inciden directamente en los resultados del sector. En Paraguay, donde predomina la producción a campo, la actividad depende en gran medida de la calidad y disponibilidad de pasturas. Fenómenos adversos como las sequías —particularmente las registradas entre 2019 y 2022— impactan en el peso del ganado, los índices reproductivos y, en consecuencia, en los niveles productivos.
Por otra parte, el contexto económico y comercial de la cadena cárnica también juega un rol determinante. Si bien el PIB ganadero mide la producción en el establecimiento, su evolución está estrechamente vinculada a variables como los precios del ganado, la demanda de la industria frigorífica y el comportamiento de las exportaciones. Mejores precios internacionales o la habilitación de nuevos mercados suelen generar incentivos positivos para la producción.
En los últimos años se observa una recuperación moderada del sector. Entre 2021 y 2025, el PIB ganadero primario presentó variaciones de 6,2%, –0,3%, 0,5%, 6,7% y 5,0%, lo que equivale a un crecimiento promedio cercano al 3,6% anual. Aunque este ritmo acompaña el desempeño general de la economía, el sector continúa mostrando una mayor variabilidad entre un año y otro.
En este contexto, la ganadería paraguaya enfrenta el reto de consolidar una nueva fase de desarrollo, en la que el crecimiento dependerá cada vez menos de la expansión del hato y más del aumento en los niveles de productividad. La incorporación de tecnología, el uso más eficiente de los recursos y una gestión más profesional de los sistemas productivos serán determinantes para mantener la competitividad en un mercado internacional cada vez más exigente.

