Inicio EmpresarialesUn legado que evoluciona: el Grupo Kress y su liderazgo en sostenibilidad y producción certificada en Paraguay

Un legado que evoluciona: el Grupo Kress y su liderazgo en sostenibilidad y producción certificada en Paraguay

por Dora Benitez

Heinfried tenía sus objetivos bien claros: salir de Alemania, trabajar en el campo y conocer otros mundos. Por eso, cuando Beate le dijo que ella buscaba más o menos lo mismo y con el plus de querer “vivir en el monte” por ser bióloga, supo que era el momento de ponerse en acción. Al poco tiempo, con mucho trabajo y vicisitudes de por medio, Heinfried Kress y Beate Holtker dejaban Stuttgart y se mudaban a vivir a Paraguay, en la zona de Itapúa. Era la década del setenta.

Casi medio siglo después, el apellido Kress se ha convertido en una marca productiva. Hoy, bajo la conducción de Cristina, hija del matrimonio, el grupo maneja 20.000 hectáreas, de las cuales la mitad están certificadas bajo el estándar de Producción de la Mesa Redonda de Soja Responsable (RTRS por sus siglas en inglés), una asociación internacional sin fines de lucro que promueve la producción, el comercio y el uso responsable de soja en todo el mundo. 

La estructura productiva del predio está perfectamente organizada: 10.000 hectáreas agrícolas, 2.000 de citricultura, 6.000 de monte nativo y el resto distribuido entre reforestación y caminos internos que suman más de 500 kilómetros. En la última campaña, la 2025, la empresa certificó 32.111 toneladas de soja en 7.989 hectáreas certificadas RTRS. 

Una decisión estratégica

Aunque producir soja sostenible abre puertas a nuevos mercados, más que un requisito de negocio, la decisión fue por convicción interna. “Queríamos evidencia tangible de que trabajamos bien”, resume Cristina. Desde 2010, Kimex certifica bajo normas RTRS también como una forma de enfrentar las críticas que pesan sobre la producción de soja, vinculadas al uso del agua, al clima y a prejuicios que ponen al sector en la mira. “Hubo productores que no hicieron las cosas bien y la sociedad generalizó, pero los que producimos sabemos que trabajar sin planificación no es rentable porque agota la tierra y sin ese recurso no se puede hacer nada”.

En este sentido, la certificación funcionó como método, aval y espejo para ver qué procesos debían volverse más eficientes. La misma permitió ordenar tareas, establecer tiempos, reforzar instalaciones, mejorar la disposición de materiales, actualizar señalética y unificar protocolos. “Nos resultó muy natural certificar porque nosotros ya trabajábamos con buenas prácticas en la producción agrícola, en temas ambientales y en general”, cuenta, “pero tener protocolos ayuda más todavía y cuando alguien de afuera exige, es más fácil que todos cumplan”. El proceso de certificación fue realizado por Control Union.  

Comunicar hacia adentro para ordenar hacia afuera

El primer desafío fue interno: explicarle al equipo los beneficios de certificar. Hubo que trabajar la comunicación, contar que fortalecería la imagen de la empresa, ordenaría procesos y permitiría obtener un plus por la venta de soja certificada (2 dólares más por tonelada). También, que esos ingresos se reinvertirían en proyectos vinculados a la comunidad, como el colegio que la propia familia Kress fundó en la zona cuando Cristina estaba en edad de comenzar la escuela primaria, y que hoy es referencia en calidad educativa: Colegio Privado Heinfried Wolfgang Kress.

“Nuestro objetivo es formar jóvenes capaces de desarrollarse en Paraguay o afuera, pero con arraigo, que conozcan el mundo, pero quieran volver al lugar donde nacieron para aportar sus conocimientos”, describe Cristina con convicción. “Por eso la propuesta educativa está atravesada desde el inicio por la tecnología y desde los primeros años de secundaria por el mundo laboral. Se trabaja mucho con inteligencia artificial y mecatrónica, una disciplina que integra la mecánica, la electrónica, la informática y los sistemas de control para diseñar y automatizar productos y procesos. Además, se realizan prácticas profesionalizantes, siguiendo el modelo alemán”.

Un legado pionero

Heinfried Kress fue uno de los pioneros de la producción de soja en Paraguay: comenzó en 1977, cuando aún nadie imaginaba el crecimiento que tendría el cultivo en el país. Con el tiempo, alrededor de su empresa nació Kressburgo, una comunidad que hoy reúne a más de 5.000 habitantes. Su origen se remonta a la compra inicial de 1.500 hectáreas por parte del empresario alemán, que luego fueron vendidas a quienes buscaban establecerse en la zona, acompañadas de facilidades de crédito para acceder a la tierra.

Además del fuerte enfoque en eficiencia productiva y cuidado ambiental, en línea con los principios de Responsabilidad Medioambiental y Buenas Prácticas Agrícolas del Estándar RTRS para la Producción de Soja Responsable, el trabajo del Grupo Kress con su entorno refleja otro de los pilares centrales de la certificación: las Relaciones Responsables con la Comunidad. En este ámbito, la empresa ya tenía un camino recorrido: la cercanía y el apoyo permanente a los vecinos han sido parte de su identidad desde el inicio.

“La certificación simplemente ordenó lo que ya veníamos haciendo con la gente”, resume la empresaria, quien asumió la dirección del grupo a los veinte años.

El trabajo comunitario del apellido Kress es a escala y con acciones concretas:  ayudó a fundar el cuerpo de bomberos, creó un sistema de reciclaje donde cada empleado selecciona materiales (PET, bidones, cartón) y lo recaudado vuelve a su propia comunidad, brinda apoyo a la policía del lugar para renovar equipos y gestiona la presencia de médicos y enfermeros para la zona. 

“En Kress nos interesa mucho la capacitación no solo de nuestros empleados, sino de todas las personas de la comunidad”, puntualiza Cristina. “Por eso, junto al Sistema Nacional de Capacitación Laboral realizamos cursos abiertos sobre seguridad industrial, oratoria, bullying y finanzas personales, y puertas adentro damos talleres de uso de extintores, de elementos de seguridad, de primeros auxilios, y la charla Octubre Rosa, donde médicos y psicólogos hablan sobre el cáncer de mama”. 

Empresa familiar con mirada profesional

Dentro de todo el proceso de evolución y mejora, para Cristina es esencial profesionalizar constantemente la empresa: “Me interesa mucho la transparencia, me gusta lo metódico, lo ordenado, y hoy el desafío es que el profesionalismo sea parte de nuestra cultura, porque por ser una empresa familiar quizás alguien pueda pensar que las cosas se hacen así nomás, pero estamos muy lejos de eso: todos los años damos un paso más y creo que vamos avanzando”, describe. 

“Certificar bajo el Estándar de Producción RTRS es parte de todas las acciones que consolidan nuestra imagen de empresa seria que hace que nuestros clientes internacionales confíen en nosotros”, agrega.

En este contexto, hace ya tres años que Kimex trabaja con Fundación Dom Cabral, una destacada escuela de negocios de Brasil, que brinda asesoramiento técnico y formación ejecutiva para los equipos de liderazgo.

Hasta el momento la familia Kress obtuvo tres premios ADEC (Asociación de Empresarios Cristianos): en 1996 fue para Heinfried, en 2003 para Beate, ambos como empresarios del año, y en 2018 para el Grupo Kress en su totalidad. “Me da mucho orgullo haber recibido el premio y más aún porque no fue personalizado a mi nombre, sino a la empresa en su conjunto”, reflexiona. “Que el reconocimiento sea institucional es más acorde a estos tiempos y a nuestros valores: ser pioneros, referentes e innovadores en todo lo que hacemos”.

Un país “obligado” a producir

Cristina lo dice sin rodeos: “Paraguay tiene la obligación de ser productor de alimentos sostenibles: posee el clima, la tierra, la tecnología y la estabilidad política y económica”. Y en esa ecuación, Kimex muestra que una empresa familiar puede transformarse en un motor de innovación, profesionalismo y sustentabilidad que puede cumplir con estándares internacionales.

Pero aun con una visión global, esta empresaria de 38 años no pierde la mirada local y de los problemas que enfrentan sus colegas productores. Es por eso que este año concretó la construcción del nuevo complejo de silos para que los productores vecinos, si lo necesitan, puedan almacenar su cosecha. “El objetivo es que no se vean obligados a vender apremiados, con el riesgo de obtener un precio no competitivo”, explica. El servicio estará disponible en 2026 y se plantea como una solución para quienes no tienen donde almacenar sus granos.

-Al ver todo lo recorrido y logrado por vos con el Grupo Kress, ¿qué te diría tu papá

Cristina se ríe, hace una pausa, y sin dudar responde: 

-Me diría que siga, que no me detenga. Porque producir bien y con responsabilidad no es solo un negocio, es mantener vivos los valores con los que él empezó y dejar algo mejor para los que vienen. 

Fotos- Crédito: ©LolaLópez

 

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